En ese momento mi teléfono vibró.
Una notificación del banco.
Un gran retiro.
En el gran… enorme.
Abrí la aplicación.
La imagen me quemaba la garganta.
Eran mis ahorros.
Años de horas extras.
Contratos temporales.
Los fines de semana trabajaban mientras ellos dormían.
“¿Usaste mi dinero?”
Mauricio puso los ojos en blanco.
“Lo devolveremos más tarde. Al final es para la familia.”
Familia.
Entrevista a Fernanda:
“Alguien tiene que cuidar la casa, Sofi. No seas dramática.”
Cuida la casa.
Como si yo fuera el sistema de alarma.
Como si mi papel fuera quedarme quieta mientras ellos vivían.
Una hora después se marcharon.
Sin pastel.
Nada de abrazos.
Ni siquiera una vela encendida.
Solo el sonido de las maletas rodando por la acera y el costoso perfume de mi suegra flotando en el aire como una burla.
Me quedé solo en la sala de estar.
Miré la foto que estaba encima de la chimenea.